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jueves, 30 de abril de 2015




Gotas de lluvia chocando contra la ventana del tren.

¿Por qué siempre encuentro belleza en lo cotidiano? ¿Por qué me emocionan las cosas más simples? ¿Por qué siempre termino creyendo que estoy dentro de un cuento, una novela o una película?
Si sigo así, me voy a convertir en la versión femenina del Quijote.


Ya te voy a alcanzar, mi Dulcineo.

lunes, 27 de abril de 2015



Él me hablaba de poesía, de música, de amor y de viajes. 
Él me hablaba del sol, de la luna, de la lluvia, del frío. 
Él me escuchaba cantar y se enamoraba.
Él amaba la vida. Él sabía reír y sabía amar. 

Él mismo, sin saberlo, era un personaje salido de una novela.

El nuestro fue un amor así, muy Cortázar.


Yo leo Rayuela mil veces y nunca lo termino. El final me lo invento. 

martes, 21 de abril de 2015


Mereces un amor que te quiera despeinada, con todo y las razones que te levantan de prisa, con todo y los demonios que no te dejan dormir. Mereces un amor que te haga sentir segura, que pueda comerse al mundo si camina de tu mano, que sienta que tus abrazos van perfectos con su piel. Mereces un amor que quiera bailar contigo, que visite el paraíso cada vez que mira tus ojos, y que no se aburra nunca de leer tus expresiones. Mereces un amor que te escuche cuando cantas, que te apoye en tus ridículos, que respete que eres libre, que te acompañe en tu vuelo, que no le asuste caer. Mereces un amor que se lleve las mentiras, que te traiga la ilusión, el café y la poesía.
Frida Kahlo

domingo, 19 de abril de 2015


Cuánto te desperdicié sin ver
que estuviste ahí
conmigo todo el tiempo.


Y hoy lo demás, francamente no importa...

miércoles, 15 de abril de 2015




La magia existe. 
Sólo hace falta creer.

viernes, 10 de abril de 2015

Epifanía


Este es uno de esos momentos en que el mundo se revela ante mis ojos. Un mundo que no existe en el plano de lo sensible, pero que existe en mi imaginación. Por lo tanto, le otorgo existencia en el mundo real.
Tal vez sea algo que exceda las palabras. Intentar explicarlo se me hace problemático. Pero es uno de los pocos medios de expresión que domino. Por eso lo intento de esta forma. 
Hay días en que soy ausente. La vida me pasa entre cotidianeidad y materialidad.
Este es un momento completamente opuesto, que tengo la gracia de vivenciar cada tanto. Es una especie de trance, en el cual me siento hipersensible a todas las cosas que me rodean, me inspiran y me llevan más allá de lo posible. Ante mi mente -si tal cosa existe- se revelan nuevas utopías, puertas que se abren más allá de lo conocido, al menos de lo conocido por mí. 
Es entonces cuando el tiempo se frena. Todo lo cotidiano se vuelve extraño. Ojos nuevos en el mismo mundo que hace instantes era ordinario. Y ya no sé si veo lo que veo o veo lo que mi mente proyecta sobre los objetos que veo. No sé si escucho elementos sonoros de la vida o si mis oídos lo están creando a medida que suenan. Todo lo posible cobra nuevas formas, todo lo que percibo me hace preguntas o me da nuevas respuestas a viejos enigmas. 
No es una experiencia sensible. No se trata de cambiar las imágenes de color ni de forma, ni tampoco de cambiar las cualidades de los sonidos. Se trata de mirarlos y oirlos (o incluso captarlos por medio de otros sentidos) de forma diferente a la habitual, y que a partir de ello se me revelen pensamientos hasta entonces dormidos. Deseos, conceptos, puntos de vista, sensaciones, sentimientos, anhelos, cobran una transparencia que los hace permeables a mí y que me transportan a un presente distinto, un aquí y ahora transformado.
En momentos como el presente, un sonido, una palabra, una imagen, una idea, me dispara reflexión y me genera ansiedad por seguir buscando aquello que no se me define claro ni evidente. Es el estado en el cual me siento íntegramente viva, absolutamente consciente pero atravesada por mi poderoso inconsciente. Plenitud del momento, realidad de todo lo posible y lo imposible.
Si pienso en una experiencia estética, es más fácil de argumentar, y de hecho ya hay montañas de reflexiones acerca de ella. El caso es que muchas veces esta sensación la descubro a partir de disparadores impensados. Un texto que al comienzo es aburrido e insulso, una canción que escuché millones de veces, un lugar en el que ya estuve, un libro, una persona, un video que en otro momento no me produjo nada, un recuerdo, una visión, y tantos otros elementos del mundo se presentan ante mí que, con otros ojos, los resignifico, les doy nueva vida, en sentido metafórico, los relaciono con otros elementos, los desdibujo, los exprimo hasta su máximo potencial. 
No es una experiencia intencional. Me pasa cuando estoy haciendo otras cosas. Pero entonces tengo que dejar de hacer lo que sea que esté haciendo y quedarme en ese estado de contemplación absoluta y reflexión profunda. Me corro de toda convención y me dejo llevar por mis pensamientos, sensaciones y emociones hasta alcanzar un éxtasis que no se compara con nada mundano, ni siquiera con aquellas experiencias extremas que tengo el placer de vivir por tener un espíritu tan inquieto y curioso. Es algo distinto, personal y glorioso. Lo siento como un despertar hacia lo otro, hacia lo desconocido, hacia lo nunca antes pensado. 
Mientras lo experimento, no me alejo de lo cotidiano. Las cosas que me rodean siguen estando ahí. Si alguien me habla yo escucho, si alguien me escribe yo leo, si algo se mueve lo veo moverse. Pero hay algo más, en mí o fuera de mí, que se me revela. Y todo se vuelve equilibrio, perfección, libertad, plenitud, arte, vida.

sábado, 4 de abril de 2015


“La música es sinónimo de libertad, de tocar lo que quieras y cómo quieras, siempre que sea bueno y tenga pasión. Que la música sea el alimento del amor.”

- Kurt Cobain